El Continuum CF
Cuentos y Fotos de CF y Futuros Alternativos

12/07/09

Índice V-1.0.1

El Holocausto Pasivo

CUENTOS
  • ¡Todos Son Iguales! de Carlos Alberto Limón. Un cuento rescatado de los archivos del recuerdo. Texto inédito de 1992. Una minificción cyberpunk que aún tiene algo que decir.
  • Guerra, Guerra de Eugenio Zigurat. Cuento que ejemplifica la fragilidad de la CF. Del todo inédito hasta ahora, fue escrito en 2003. Una manifestación en pleno Zócalo, un encuentro furtivo en un hotel y la persecución que se desata contra este grupo de personas, son el preámbulo de un futuro desesperanzador, por decir lo menos.
  • Isidro de Jorge Chípuli Padrón. Un relato breve y apabullante.
GALERÍA
  • El Futurismo En Puebla de Gerardo Horacio Porcayo. Homenaje fotográfico a la arquitectura futurista, en especial de los años cincuenta a los setenta. Galería abierta a todo aquel que quiera colaborar con fotos de su autoría que reflejen el mismo estilo en su propio estado o país.
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11/07/09

Isidro

© 2009, Jorge Chípuli Padrón |

La insoportable opresión de los pulmones, las emanaciones sofocantes de la tierra húmeda, la mortaja que se adhiere, el rígido abrazo de la estrecha morada, la oscuridad de la noche absoluta, el silencio como un mar que abruma
Edgar Allan Poe

Isidro fue enterrado vivo. Escuchó, sin poder moverse, todo el proceso; desde su supuesta muerte hasta el último paso de los enterradores sobre la tumba. Quería decir: no, esperen, si no estoy muerto, no me entierren… terrible perspectiva la de morir asfixiado, pero consiguió, ahorrando sus domingos, una verdadera pistola de rayos láser, y su mamá, afortunadamente, la había puesto en el ataúd antes de que lo cerraran: para que juegues en el más allá, mijito. Con ella sería fácil desintegrar la tierra blanda. Ni siquiera había tenido tiempo de probarla, había llegado por correo, la vio sobre la mesa cuando tropezó y se golpeó la frente. Se sintió como en un sueño del que es imposible despertar. El anuncio decía que realmente funcionaba, que era parte de un cargamento robado al ejército, un arma experimental creada para acabar con fuerzas alienígenas. Comenzó a mover la mano un poco, pudo abrir los ojos y ver la más profunda oscuridad. Después de media hora casi se terminaba el aire, pero ya podía moverse lo suficiente. Abrió el paquete. Palpó el arma entre sus manos y después de un minuto comprendió que había sido víctima de la fatalidad: las baterías no estaban incluidas.

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07/02/09

¡Todos Son Iguales!

© 2009, Carlos Alberto Limón |

La noche es la verdadera
y en ella caben todos.
Nuestras putas, pan de cada rato, de cada ansia. Niños que venden canciones tristes, lastimeras, y muñecas Cybertech defectuosas. O a sus hermanas menores. Hermosas y desnutridas; el morbo excita.
Contrabandistas y asesinos ofreciendo oro radioactivo de Neptuno o armas high power, que generalmente prueban en la panza de algún peatón descuidado. Es divertido ver cómo saltan las tripas en el asfalto. Abortos prematuros que buscan el cálido refugio de una matriz que ya no existe.
Perros que defecan. Bufofenina y NeoLSD. Chicas alegres buscando alguna prótesis que penetre la suya. Neuromusic y UDS. Bares donde danzan chimpancés mutados: exquisitos danzones o huarachas. Bancos de esperma a crédito, o estéticas de reconstrucción. Clones, homosexuales, hermafros, droides con líbido artificial y chulos. Cyberpeople. Contrabando de New Brunei y Timor Noroccidental, esquina con Nueva Guinea.
Mocos y suciedad.
Cabezas de policías disecadas.
Olvido.
Amantes.
Cuarto de hotel por 45 créditos la hora; los vidrios descuadrados de los ventanales, las paredes pintadas de amarillo brillante opacado con manchones de semen y fluido sanguinolento, las camas repletas de chinches, de clamidias; olor de semen rancio. Con la tristeza urbana concentrada en un instante eterno.
Gimen,
cabalgan,
copulan;
orgasmos,
como bestias primarias que son una;
lo intentan
y no lo logran.
Después, la calma. Solamente unos grillos de cromo dejan oír su vital (y casi olvidado) chirriar bajo una tromba de aguas negras, ácidas, de estroncio 90. Rosas cortadas que gritan el sabor del puñal. Putas timadas exigiendo su paga. Muerte bajo un reactor.
Y él duerme, olvidando la plática,
dejando pasar,
insensible,
cínico.
Beatífico.
Sólo eso. Ella quiere asirse a los remanentes, permanecer agarrada. Ni ella lo entiende. Y se enfurece, revolcándose en su bilis, purulenta de tantos desaires. Como un sol que no quiere ser fin, no quiere morir, pero ha terminado el día.
“Eres un perro bastardo,” ella le dice. “Una mierda, pendejo, imbécil. Macho imbécil. ¡Puto! ¡Parásito! ¡Hijo de la chingada! ¡Macho parásito puto hijo de la chingada bastardo!”
Estalla violenta.
“Todos... ¡Todos los hombres son iguales!”
“Calla.” Él musita con voz baja. Mirada ausente, sonrisa gastada. Alfombra de hotel barato.
“Nadie me calla, ¡todos ustedes son iguales! Nadie me calla.” Y un odio salvaje le arrebata, la mece en alturas jamás imaginadas.
“¡Con una mierda, cállate!” Voz entrecortada, jadeando sílabas. Explosión breve. Silencio.
Ella enmudece. No por lo imperioso de su voz, pues esa voz ya no es humana.
Llora.
Entre gotas de mercurio transparente ve cómo la luz de la luna baña con ecos de fotones el marrón, deformado cuerpo. Las tenazas saliendo de su boca. Los ojos facetados,
impasibles,
silenciosos,
sin vida
pero tampoco muertos.

Broma pesada de la muerte. Juego sadomasoquista con boleto de ida. Arrepentimiento tardío.
Pero no por mucho;
la vida se le escapó
como la llama de
un cerillo
que quema
las manos.
Poor little lady!” Musita un ebrio multinacional que se asoma en la ventana que da a la calle.
El placer tan corto, la muerte tan eterna.
Luna y sangre. Protones desintegrándose.
A lo lejos una sirena suena;
¡no llores, pequeña!
Tu dueño,
un policía,
ha sido
disecado.
La luna y el neón iluminan en rojo.
Un brazo yace fuera de su articulación. Barbie de maquila. La sangre moja las sábanas en un orgasmo extraño. Las rodillas dobladas, oración bizarra. Los ojos rodando debajo de la cama.
Se ilumina su lengua, diamantina lija, que saborea, se deleita.
Eructo socarrón.
Escupes un trozo de músculo, dura víscera cardiaca.
¡Pobre idiota! Nunca le hiciste cambiar de parecer.
No todos son iguales.
¡Ni saben igual!
0-RACIÓN DEL DÍA
Gracias, Madre Gaia,
por permitirnos vivir
en este maravilloso mundo
de enfermos que mueren
a cada instante,
nutriendo tu seno
para la siguiente siembra.
Precioso abono.
Gracias, ¡oh, dioses del cielo!,
por la lluvia de uranio 235
y cobalto 60 que fecunda
todos los días a nuestra madre
y da la nueva semilla,
que correrá libre,
algún día,
por la tierra.
01/01/1992

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01/02/09

Guerra, Guerra

©2003, Eugenio Zigurat |

No es que no nos importaran esos países que nunca conoceremos o las mujeres que los habitan (a las que nunca tendremos) o que nos preocupara el precio de la gasolina. Era una cosa mucho más egoísta. O, en todo caso, hedonista.
Pero estábamos ahí. Uso el plural porque, para bien o para mal, aunque la idea salió de estas borrachas neuronas de brandy y no sólo de sol, lo que empezó como una broma a medias se transformó en unas cuantas horas en una consigna apoyada que ahora tiene mucho que ver con el curso de la paz mundial.
Ahí estabamos (y espero que ahora ese señor grillo llamado consciencia se quede al fin callado), parados en frente del Zócalo, en una marcha bastante nutrida y regordeta, cuando vimos que un nuevo contingente alzaba nuestra ridícula bandera y gritaba consignas aumentadas y mejoradas.
La sorpresa podía ser suficiente, si tomamos en cuenta que nutrida y regordeta significaba veinte gatos flacos y harapientos, pero si a eso le agregan el hecho de que en la nueva comitiva ¡había mujeres!, empezarán a comprender el por qué de este asombro y, de paso, el mismo flujo de este escrito (nota pertinente: uso ustedes porque abrigo la esperanza de que más de uno leerá esto).
El caso es uno. Estábamos ahí, frente al Zócalo (es importante el sitio geográfico, no se quejen), cuando ese nuevo desfile no sólo nos robó la voz, sino la completa vigilia. Y cuando digo que nos robó la voz, no se trata de una mera figura. La boca nos empezó a salivar y los mensajes dejaron de ser los originales. Repetíamos como marionetas lo que salía de aquellos labios femeninos.
Para ser justos, cuando escribí ”aumentadas y mejoradas”, tampoco pretendía usar lenguaje figurado: el nuevo grupo no sólo había captado la esencia, los cimientos que algo tenían de realidad, sino que lo procesaron a través de verdaderos molinos de intelectualidad.
Pálido se quedaba nuestro grito:
—¡Bush cree en el arte, el arte quiere otra guerra mundial!
En defensa propia he de decir que sólo en labor de galanteo había participado antes en una marcha de protesta. Y los que me siguieron, en un primer momento, tenían semejante curriculum protestante.
Repetir la perfeccionada consigna, sería faltar a la potencia de sus memorias.
El caso es que, babendo (frente al Zócalo), con las astas de las banderas de tela medio levantadas y las de carne en pleno despliegue, las vimos llegar.
A ellos no. Nuestros ojos sólo buscaban curvas femeninas.
El milagro sucedió: ellas preguntaron por los fundadores, por los cinco que firmamos el manifiesto inicial. Hubo abrazos, besos en el cachete que no siempre atinaron la zona.
Eran ochenta integrantes, y sólo quince eran mujeres (no, no soy foxista. Y sí, en genérico va el rollo).
Los nuevos reclutas de nuestra original veintena (quince), pidieron mano, chance; argumentaron y contrargumentaron, mientras la más guapa del conjunto se acercaba a mí con los ojos blancos de radiantes.
La reacción fue termonuclear en mí y no pude sino soltar más baba. Cosa que a ella no pareció importarle. Su abrazo fue más firme que los de sus compañeras. Además dijo una palabra clave de cinco letras, en mi oído. Cinco letras bastaron para que, aún gritando la nueva consigna, aprovecháramos el ocasional paso de un globero para escabullirnos de ahí.
En el hotel ella no paraba de hablar sobre mi vena visionaria. Hablaba de las dos guerras mundiales, del dadaísmo, del existencialismo, del importantísimo impulso que la doble contienda global dio a las artes. Habló y habló, hasta que yo empecé a quejarme y luego ella y luego juntos...
Ella era poeta. Digo era, porque ahora se niega a verme. Ella tiene un nombre y aunque soy un caballero, al final de este relato, ustedes sabrán de quién se trata, pese a que no lo diga o lo escriba con todas sus letras o con ninguna inicial.
El caso es que los quejidos nos llevaron a despertar a las once de la mañana del siguiente día y yo, que necesito noticieros para el completo desaturdimiento, tuve la original idea de no faltar a la costumbre.
En todos los canales pudimos ver cómo un ejército de granaderos hacía papilla las caras de nuestras compañeras... Y sí, también de los compañeros (esto no fue foxismo, simple preferencia sexual).
Después, segundos después, vimos también las protestas de los intelectuales de occidente, que, en parte por el maltrato recetado a nuestros partícipes de marcha, en parte por comulgar con las ideas, decidían unirse al movimiento pro tercera guerra mundial.
Vi salir apresurada a la poeta. Sus compañeros la mencionaban en sus actas de adhesión al movimiento (¡ya se llamaba movimiento!). Pero ella y yo, no estábamos tras las rejas (creo que tras lo anterior, su identidad ha quedado más que aclarada).
Hoy (uno nada Fox) han pasado dos días de bombardeos. Los hongos atómicos llenan al planeta. Si Área 52 alojó algún día un ovni, ahora esa irrefutable prueba está hecha añicos, junto con Texas, parte de Nuevo Laredo y Monterrey. Y otros estados que no me sé de Gringolandia.
Hoy no hubo noticiarios, de hecho ninguna transmisión de TV y en lugar del tono de ocupado, cuando le marco a esa poeta que se quejara junto, bajo y sobre mí, sólo percibo en el auricular algo que me recuerda el crepitar de un contador geiger.
No sé si las bombas llegarán pronto, si ya se firmó la paz o qué pasa allá afuera... Tenía que suceder: los pulsos electromagnéticos han freído nuestros sistemas de comunicación.
La gente está desesperada y actúa como una manada de gorilas descerebrados... Por mucho esfuerzo que haga no puedo ver tales manifestaciones como parte de un arte... de cualquier arte.
No hay más galerías abiertas y tampoco me apetece la perspectiva de robar libros, de iniciar la rapiña en esos comercios.
Cuando cosas como éstas pasan, a uno le da por sentirse responsable, ¿quién fuera a creerlo? Con todo, lo peor es que lo único que en verdad llena mi cerebro es una frase estúpida: “con un poco de esfuerzo, igual me hubiera encamado una iraní”.

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17/01/09

El Futurismo En Puebla

Y esto va como muestra. Y como homenaje a El Continuum Gernsback de William Gibson. En ese cuento, por si no lo recuerdan o no lo han leído, un fotógrafo profesional, mientras hace un estudio arquitectónico futurista, pasa, momentáneamente, a una dimensión paralela, donde el mundo de la vieja ciencia ficción ha fincado, se ha mantenido hasta hacerse mundo.
No es que a este equipo langostero le haya sucedido algo similar, es más simple: de los años 50 a los 70, los arquitectos se vieron influidos por la CF y aún hay muestras, edificios que representan ese inconsciente colectivo que confiaba en los nuevos horizontes a que nos conduciría la ciencia o que, simplemente, estaba más conectado con la CF.
Esperamos sus propias versiones, fotos de edificios en sus ciudades que apuntaran a otro tipo de presente, pero, por favor, que las fotos sean de su autoría. Pueden enviarlas a:
langostaposteada@gmail.com
De preferencia, pedimos que sean de ese periodo de tiempo. Hoy, ya existen nuevas arquitecturas futuristas, pero esas las consideramos pertenecientes a La Retro Ciencia Ficción.
Las fotos que ahora mostramos las sacó Porcayo, como mero ejemplo, punta de partida para la contribución de ustedes:

Recien pintada, esta casa luce evidente su influjo cienciaficcionero.


Apenas a la vuelta del Cuartel Langostero, esta casa con agregados curvos está en paralelo a una suerte de castillo medieval. Hay quienes en verdad dan rienda suelta a sus amores...


Evidentemente setentera, esta casa de cristales, círculos y semicírculos no aparece aquí como promoción (por la manta), sólo como un ejemplo más. El color rosa, ¿no hace que recuerden cierto capítulo de La Pantera Rosa, tratando de imponer su estilo al proyecto arquitectónico del hombre sin rasgos?


Una arquitectura mixta, con toques de futuro.


No es propaganda a la tienda o al banco, es la foto de lo que fue un cine. Si viste Metrópolis, quizá sus formas te parezcan ya conocidas.


Y no, no se trataba de un Coliseo, sino del Cine Coliseo, hoy transformado en tienda de telas.

La forma imita el nombre del edificio, o viceversa.

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